| Ciutat Vella estrena urinarios de acero, limpios y más seguros |
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Los nuevos retretes públicos de Ciutat Vella no huelen mal ni son inseguros. De momento, se han construido dos, uno en el Convent dels Àngels y otro en la plaza del Teatre, bajo el monumento a Pitarra, que han comenzado a funcionar hace unos dos meses.
Fabricados en acero inoxidable, están limpios, son prácticos y funcionales y, sobre todo, usarlos no da miedo. La videovigilancia que los controla 24 horas permanece activa hasta en el mismo retrete. Los próximos váteres empiezan a instalarse en la calle de Carders, 35. EL PROBLEMA El distrito y Foment de Ciutat Vella encargaron hace un año y medio al arquitecto Marc Viader, tras un concurso, los proyectos de nuevos urinarios, una necesidad que se convirtió en clamor cuando sobre todo en las noches cálidas el centro empezaba a oler a amoniaco a consecuencia de la moda de desaguar las cervezas en plena calle, acto penado con 60 euros de multa. Viader participó en reuniones con los servicios de mantenimiento del distrito, técnicos de Foment de Ciutat Vella y la Guardia Urbana. "Se trataba de dar con la fórmula para que tuvieran éxito a la larga. En Barcelona ha habido baños públicos, pero solían estar sucios y lúgubres y la gente no los usaba. La idea era que tuvieran buen aspecto y que la gente los usara de verdad", explica Marc Viader. Y además, debían presentar el indispensable requisito de que tuvieran un mantenimiento no demasiado costoso y contaran con elevado índice de protección contra el inevitable vandalismo. SIN RINCONES También debían evitarse los rincones. En el interior de los retretes no hay ni papeleras ni depósitos, para evitar que los camellos puedan depositar en algún recoveco la droga que luego recoge el cliente. Cerca de los retretes hay una papelera para que las mujeres puedan tirar sus compresas. Y el usuario coge el papel higiénico fuera de la cabina, en rollos también de acero. El vigilante tiene protección de cristal reforzado y comprueba los monitores de audiovigilancia de cada retrete, que solo enfocan el ángulo de la cabeza para que el usuario tenga garantía de privacidad. El váter público del Convent dels Àngels está situado en un elemento adosado a las paredes del monumento, que ahora depende del Macba (Museu d'Art Contemporani). La verdad es que las taquillas del museo se confunden casi con el cubículo del vigilante. El interior consiste en un largo pasillo plateado, ya que todos los elementos son de acero inoxidable, un material que según Marc Viader "es limpio, fácil de limpiar y no se oxida". El espejo es de acero pulido y, por lo tanto, ligeramente opaco. No sirve exactamente para ponerse rimmel, pero sí para peinarse y verse. Y sobre todo, al no ser de cristal, se evita que alguien lo rompa y lo use como arma. El de la plaza del Teatre, subterráneo, es mucho más grande y sustituye a otros muy astrosos que tuvieron mala fama. Ante su resplandeciente limpieza, su cuidador afirma manejando el carrito con los esprays desinfectantes y la bayeta: "¡Y lo que nos cuesta!", ya que por las distintas cabinas plateadas han llegado a pasar 800 personas en un día. Los peores usuarios, los hooligans que entran en tropel para deshacerse de la ingesta masiva de cerveza. Fuente elperiodico.es |
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